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El “normal” topón del bus que nadie puede denunciar
Por:  / 8 julio, 2017
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Al momento de estar el semáforo en rojo, me puse a platicar con mi mamá como siempre lo hago, muy afanadamente, cuando al rato vuelvo a ver al tipo y estaba topándome su parte genital en mi trasero literalmente—, expresa una joven de 22 años luego de sufrir de acoso sexual en unidad del transporte colectivo, un tormento para muchas mujeres en la actualidad que no tienen formas viables de denuncia


Por Michelle Hernández

Sandra (nombre ficticio) iba apretujada entre la gente que rebalsa los estrechos pasillos de un bus de la ruta 7-D en las congestionadas, sucias y salvajes calles del municipio de Soyapango, al oriente de la capital salvadoreña. Iba acompañada de su madre en dicho transporte que las llevaría a una cita al instituto del cáncer en San Salvador.

Mientras su mirada se pierde en el recuerdo, Sandra relata que fue el día más perturbador de su vida; nunca antes se había sentido así, su cuerpo se estremeció y sintió una sensación de asco y repudio al percatarse cómo un tipo rozaba su parte genital en su trasero. Al darse cuenta se apartó rápidamente; este, al ver el rostro de espanto de Sandra, hace un gesto burlesco —me aparté y el fulano comenzó a reírse—.

Sandra reconoce que fue un acto de violencia aquella mañana, y como ella, hay muchos casos más de mujeres que son abusadas y acosadas sexualmente en los medios de transporte, y no solo ahí donde el espacio estrecho de un bus te expone a ser violentada, sino en cualquier lugar, la violencia contra el género femenino es cada vez un trago amargo que muchas prueban a diario.

Según un informe de la Organización Panamericana de la Salud, se estima que en América Latina, el 29,8% de las mujeres han sido víctimas de violencia física y/o sexual ejercida por parte de su pareja, y el 10,7% ha sufrido violencia sexual por alguien desconocido.

Sandra expresa con tristeza y preocupación en sus ojos, —La verdad que en nuestro país creo que toda mujer en más de una ocasión, ha sufrido un abuso consciente o inconscientemente y hemos llegado a tal punto que dejamos pasar eso—.

Según datos obtenidos del Observatorio de la Violencia de Género Contra las Mujeres (Ormusa), señala que la Policía Nacional Civil recibió de enero a noviembre de 2016, alrededor de 3,506 denuncias por delitos sexuales  como Violación, estupro, estupro por prevalimiento, agresión sexual, violación en menor e incapaz. El 47.45% de denuncias fue por el delito de violación en menor e incapaz.

Delitos sexuales denunciados ante PNC
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Además de Sandra, un caso salió a luz el pasado 7 de abril, cuando una mujer a bordo de un bus de la ruta 44 es abusada por un joven de 24 años quien intencionalmente se masturbó al rozarle su genital.

Las investigaciones lograron ponerse en marcha tras la denuncia de la víctima puso al bajarse del bus, cuando se dio cuenta que en su blusa tenía restos de semen. El sujeto ahora cumple una condena 30 años de libertad condicional, es decir, no salir del país, no cambiar de residencia, presentarse a firmar a juzgados y una indemnización económica

Para la representante del Centro de Estudio de la Mujer (CEMUJER), Ima Guirola, este problema responde a la falta de sensibilización de la sociedad al sector femenino.

 “Es una situación grave que pasa en nuestro país desde hace mucho tiempo, se está acrecentando más a pesar de leyes, tribunales especializados y nuevas instituciones, y es porque seguimos marco cultural patriarcal que naturaliza y legitima la violencia hacia las mujeres”, dijo Guirola a Revista Gatoencerrado.

En consecuencia el sexo masculino ha tomado poder de ello para aprovecharse en dominar al sexo femenino o incluso agredirlo, pisotearlo, hacer de lo suyo. Así lo manifiesta la consultara de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Dinora Crespo, “el perfil del agresor se caracteriza por tener bajo control de impulsos, generalmente este tipo de personas han aprendido a ser agresores, en algún momento pudo haber sido víctima, aprendió que con este tipo de acción puede someter a las personas o coaccionarlas”.

La falta de leyes no es el problema porque en El Salvador se han creado normativas vigentes para beneficio de las mujeres. Por ejemplo artículo 55 inciso e) de la Ley Especial Integral para una vida libre de violencia contra la Mujer, infiere que “quien realizare cualquiera de las siguientes conductas, será sancionado con multa de dos a veinticinco salarios mínimos del comercio y servicio, cuando se exponga a la mujer a un riesgo inminente contra su integridad física o emocional”.

Esto, según Sandra y la experta de la OPS, el problema radica en la falta de cultura de denuncia de las víctimas, tal es el caso de Sandra que optó por no denunciar a su agresor. También Ima Guirola, cuestiona los mecanismos de denuncia.

“No es un tema que se debe ver de manera aislada, es que las autoridades están obligadas a establecer mecanismo viables, reales para que la persona pueda denunciar, como un dispositivo un botón en el medio de transporte por ejemplo, con cámara de video también”, opinó Guirola

Sin embargo, para la procuradora de derechos humanos Raquel Caballero, es importante fortalecer a las instituciones y fomentar una cultura de denuncia y respeto a los derechos humanos.

“Se está trabajando en una campaña de divulgación de estas leyes para ir cambiando esos patrones socioculturales de violencia en contra de la mujer, y la gente lo considera como un piropo pero en realidad es un abuso”, dijo Caballero.

Asimismo manifiesta que trabajan con el sector judicial para sensibilizar a los operadores de justicia quienes están en constante renuencia para la aplicación de estas leyes.

Sandra no tuvo la oportunidad de tocar un botón y atrapar al agresor como ella misma lo afirma. Ella tuvo que bajarse del bus, su impotencia se transformó en un nudo en la garganta y su resignación pasó a formar parte del silencio de miles de mujeres que callan porque no les queda de otra.

—yo no denuncié lo que me pasó, y esas cosas nunca las superas, porque cada vez que pienso en eso  me da asco;  me queda esa sensación de que más de una ocasión vulneraron mi cuerpo—.

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